El interior de la Basílica es un grandioso espacio desnudo cuya mayor riqueza decorativa se concentra en el Altar Mayor y en los cenotafios de Carlos V y Felipe II. El Tabernáculo -una auténtica joya- se sitúa exactamente en la vertical del panteón de los Reyes.
Considerando el Templo en su totalidad incluyendo los accesos que lo rodean, tiene de largo, desde la fachada de los Reyes hasta la pared del ábside, poco más de 100 metros por 64 de ancho. Pero la iglesia propiamente dicha es un cuadrado de 50 metros de lado. La materia es aquí también piedra berroqueña, la más blanca y fina que se halló.
En el vestíbulo, los técnicos han admirado en todo tiempo la bóveda de este recinto, pues estando construida de piedra y siendo muy grande la abertura entre los pilares de sostén, la bóveda aparece enteramente llana; cosa tanto más de admirar cuanto que sobre ella descansa todo el peso del coro alto, que no es poco.
El retablo tiene 26 metros de alto por 14 de ancho. Las quince estatuas de bronce que lo adornan son de los Leoni, padre e hijo, y los mármoles de Juan Bautista Comane y Pedro Castello.
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